Tánger sigue siendo una ciudad llena de encantos bien avenidos con el sello de lo español en la solapa de sus atardeceres. En la catedral de Tánger se celebra misa en castellano: da gusto escuchar el padrenuestro con la música de fondo del imán guiando la oración en su mezquita.
En mi primera visita a Tánger el arzobispo monseñor Amigo, más tarde cardenal en Sevilla, me invitó a su cena en solitario de Navidad; sin corderos ni pavos, su cocinera había preparado un cochinillo con dátiles y pasas que le habían acercado desde Tarifa. Crujiente y delicioso, allí se dijo que era un ave de corral sin alas a la vista. Después fui en varias ocasiones para beber sin freno el delicioso té marroquí con yerbabuena.
Ayer me enteré que Tánger se había quedado sin su alcalde, huido a España tras ser descubierto como sujeto de un fraude electoral, cosa allí rarísima de entender.
Supongo que los servicios de inteligencia españoles ya sabrán dónde está, le avisarán al gobierno de la Nación y, más pronto que tarde, antes de las elecciones generales, le ascenderán a director general de correos, que es el mejor sitio donde puede esconderse, entre los sobres de los nietos.
Pedro Villarejo