En un texto magnífico de Alfred Delf, ejecutado por los nazis, asegura que el pan es importante, la libertad es más importante, pero lo más importante de todo es la fidelidad constante y la adoración jamás traicionada. Invertir este orden de prioridades es quedarse sin los resultados que se pretenden.
Una nueva flotilla, como la pretendida que alcanzase Gaza, ha llegado a Cuba en otra escandalosa ofensa a un pueblo que, precisamente por soportar las consecuencias ideológicas de los de “la flotilla”, llevan 69 años viviendo en la miseria más inhumana. Los de “la flotilla” dicen que “no es para tanto”, pero ellos se han alojado en el Meliá de cinco estrellas desde donde se divisa el Malecón cuajado de hambres que nadie remedia: sólo de sal caliente les cubre el agua.
Antes que el pan y la libertad, está la fidelidad constante a la verdad y la adoración al que es capaz de convertir las piedras en panes. Los de la flotilla dicen llevar panes, pero sólo ofrecen piedras, porque nunca quisieron ver lo que no les interesa… Cuando la coherencia es una rama quebrada en la conducta, los que esperan algún fruto nuevamente se decepcionan.