La 18ª edición de los Premis Gaudí convirtió el Gran Teatre del Liceu de Barcelona en una auténtica celebración del cine catalán, marcada por la diversidad, el talento y una clara sensación de madurez creativa. En una gala muy repartida, dos títulos sobresalieron por encima del resto: Sirat, de Oliver Laxe, y Frontera, de Judith Colell. Ambas películas simbolizaron dos formas distintas de entender el cine, unidas por la ambición artística y el compromiso con las historias que cuentan.
La gala, presentada de forma coral por Nora Navas, Maria Molins, Laura Weissmahr, Carla Quílez y Maria Arnal, fue un homenaje explícito a la pluralidad de miradas que conviven hoy en la industria audiovisual catalana.
La gran triunfadora de la noche fue Sirat, que se alzó con ocho galardones, incluido el de mejor película en lengua no catalana. Aunque Oliver Laxe no pudo asistir por encontrarse inmerso en la promoción internacional de la cinta, su presencia se sintió en cada premio recogido. La película arrasó especialmente en las categorías técnicas, confirmando el altísimo nivel de su propuesta visual y sonora.
Dirección de producción, dirección artística, música original, fotografía, sonido, efectos visuales y maquillaje y peluquería fueron algunos de los reconocimientos que consolidaron a Sirat como una obra sólida, arriesgada y profundamente autoral. Destacó especialmente el premio al mejor sonido, concedido a un equipo que, además, cuenta con una nominación a los Oscar, subrayando la proyección internacional del film.
La noche también fue muy positiva para títulos como Sorda, de Eva Libertad, que sumó tres premios, incluidos los de mejor dirección y mejor guion adaptado, y para Tardes de soledad, premiada como mejor documental y mejor montaje tras su éxito en el Festival de San Sebastián.
Con cuatro Premis Gaudí, Frontera se consolidó como la otra gran vencedora de la noche. La película de Judith Colell obtuvo el premio a mejor película, el premio especial del público, mejor vestuario y mejor actriz secundaria para Bruna Cusí, en una clara muestra de su conexión tanto con la crítica como con la audiencia.
La gala dejó momentos especialmente simbólicos, como el doble triunfo de los hermanos Cervantes: Ángela Cervantes, mejor actriz protagonista por La furia, y Álvaro Cervantes, mejor actor secundario por Sorda. También destacó el reconocimiento a Mario Casas como mejor actor protagonista por Molt lluny.
El emotivo Premi Gaudí d’Honor a Sílvia Munt puso el broche a una noche de reivindicación artística y ética. En su discurso, defendió la necesidad de seguir siendo “inclasificables” en tiempos de algoritmos e inteligencia artificial.
Por su parte, Judith Colell, como presidenta de la Acadèmia del Cinema Català, reivindicó el momento dulce del cine catalán, su crecimiento presupuestario y su creciente complicidad con el público. Una gala que no solo repartió premios, sino que confirmó que el cine catalán vive un presente fuerte, diverso y con voz propia.