Las críticas a las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Estados Unidos han terminado salpicando a la Super Bowl, el mayor acontecimiento deportivo del país, cuya 60ª edición se celebra este año en California. El clima de tensión política y social ha marcado las semanas previas a la final de la NFL.
La polémica se intensificó primero con el anuncio de que Green Day y Bad Bunny, artistas abiertamente críticos con Donald Trump, serían los protagonistas musicales del evento. Después, la NFL tuvo que salir al paso de los temores sobre un posible despliegue del ICE en el estadio, asegurando que no habrá presencia de agentes migratorios durante el partido.
“No habrá actividades de control migratorio de ICE planificadas. Estamos seguros de ello”, afirmó la jefa de seguridad de la NFL, Cathy Lanier, tras recibir garantías del Departamento de Seguridad Nacional. El comunicado buscó calmar a los aficionados después de que Corey Lewandowski, alto cargo del DHS, advirtiera meses atrás que “no hay ningún lugar donde se pueda brindar refugio seguro a las personas que se encuentran ilegalmente en el país”.
Desde las autoridades locales, el alcalde de San Francisco, Daniel Lurie, trató de rebajar la tensión y transmitir tranquilidad. “Vamos a garantizar la seguridad de todos: nuestros residentes y nuestros visitantes”, señaló, antes de añadir que, pese al contexto político, espera que el evento “sea seguro y divertido”.
La NFL también defendió la elección de Bad Bunny como estrella del espectáculo del descanso. El comisionado David Goodell subrayó que “es uno de los mejores artistas del mundo” y que entiende la plataforma de la Super Bowl como un espacio “para unir a la gente con su creatividad y su talento”.
En este contexto, Donald Trump no asistirá al partido, alegando que está “muy lejos” y que el evento es demasiado largo. El presidente ha criticado duramente a los artistas participantes: “Me parece una decisión terrible. Lo único que hacen es sembrar odio”, mientras sectores conservadores han organizado un espectáculo alternativo con músicos afines, evidenciando que la Super Bowl se celebra este año bajo una marcada división política y cultural.