El balonmano español volvió a teñirse de azulgrana. El Barça de balonmano levantó de nuevo la Copa de España tras imponerse con autoridad al Recoletas Atlético Valladolid, firmando un triunfo que va mucho más allá de un marcador. No solo fue una victoria. Fue una confirmación. Una más. Un recordatorio de que este equipo no entiende de ciclos, sino de continuidad en la excelencia.
El Pabellón Insular Rita Hernández de Telde fue testigo de una final intensa, competitiva y emocional. El Barça ganó por 24-32, pero el partido se construyó desde la paciencia, la lectura táctica y el oficio. No hubo prisas. No hubo ansiedad. Hubo madurez competitiva, esa que solo poseen los equipos acostumbrados a jugar finales… y a ganarlas.
La final no se rompió en los primeros minutos. El Recoletas Atlético Valladolid salió sin complejos, compitiendo cada balón y obligando al Barça a emplearse a fondo. La primera ventaja clara llegó con un 8-13, pero los vallisoletanos supieron resistir para mantenerse vivos al descanso (12-16). La sensación era clara: el partido aún no estaba decidido.
Tras la reanudación, el Barça subió una marcha más. No tanto en velocidad, sino en control del juego. El intercambio de goles mantuvo la diferencia, pero cada acción parecía inclinar la balanza un poco más hacia el lado azulgrana. Ahí emergió la figura de Viktor Gísli Hallgrímsson, cuyas paradas fueron apagando cualquier intento de remontada rival. Cada lanzamiento detenido era un golpe anímico.
En ataque, Luis Frade, elegido MVP de la final, fue decisivo. Su presencia, su eficacia y su lectura del juego marcaron diferencias en los momentos clave. No fue solo un gran partido individual, fue una actuación que simboliza lo que es este Barça: jugadores al servicio del colectivo.
Con esta victoria, el Barça se convierte en campeón único de la Copa de España, habiendo ganado las tres ediciones disputadas hasta la fecha. Pero el dato va más allá. Sumando la Copa Asobal y la Copa de España, el club encadena 15 temporadas consecutivas conquistando títulos nacionales. Una cifra que impresiona. Una racha que no se explica solo con talento.
Detrás hay trabajo diario, exigencia interna y una cultura ganadora que se transmite de vestuario en vestuario. El equipo de Carlos Ortega no solo gana, sino que sabe cómo ganar. Y eso, en el deporte de élite, es lo que separa a los grandes de los eternos.
Esta Copa no es una más. Es otra página escrita en una historia que sigue creciendo. Y el Barça, una vez más, dejó claro que el trono del balonmano español sigue teniendo dueño.