Sangre en los violines

16 de febrero de 2024
1 minuto de lectura
Violin rojo.| Fuente: Prexels

Si hubiesen leído los Sonetos del amor oscuro, de Federico García Lorca, les habría llegado a los carceleros o a los responsables de la seguridad en la prisión de Estremera, el llanto silencioso del poeta: “Oye mi sangre rota en los violines”.

Porque en Morata de Tajuña se llenaron de sangre los violines de tres cuerpos asesinados por un pakistaní que, asediado por la vecindad, se entregó a la comisaría como quien ofrece un cesto de Navidad: “Hola, yo soy el asesino”.

Y a este sujeto lo colocan de compañero en una celda con Ángel, un búlgaro al parecer de malos tratos, supongo que con la intención de que preparasen juntos un master de buena convivencia. Al primer descuido, el de Tajuña ha enviado a su colega al otro mundo… Me consta que no es la primera vez que esto ocurre en las cárceles de España. Con los violines del alma llenos de sangre salta la convicción del sentido común: quien verdaderamente está loco no es el asesino, sino los que deciden provocar estos “accidentes” que luego quedan en nada, sin que nadie se haga responsable.

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