El señor presidente del PNV tiene aspecto de frailón solapado, de los que no hacen ruido al masticar pero que son capaces también de acabar con la carne del vecino. En un convento de frailes de Mar del Plata presencié, al acabar la misa el requerimiento de una señora que llamaba a la puerta. Desde la caverna del timbre se escuchaba:
-No hay nadie. No hay nadie.
-Padre es que vengo a traerle…
-Ya bajo hija, ya bajo.
Como lo cuántico tiene que ver con cantidades y energías, el señor presidente del PNV estaría dispuesto a aprobar los improbables presupuestos del Estado en tanto en cuanto se abran las compuertas de las escasas dádivas que le quedan por recibir. Se ve que con la indecencia del cupo vasco no tienen bastante.
-Ya bajo, hija, ya bajo… esperando que merezca la pena lo que traes. Si hay que bajar se baja, pero bajar pa poco o pa ná, no compensa.
Pedro Villarejo