Los sobresaltos geopolíticos con que se ha inaugurado el año 2026 desconciertan el futuro de las legislaciones internacionales y desdibujan el paisaje donde estaba asentado el Derecho.
Las Leyes debieran estar forjadas de tal manera que se evitaran las trampas que eternizan la crueldad de los dictadores con lo cual podría evitarse zarpazos invasores que a todos incomodan por ser hijos de la prepotencia. Venezuela es el ejemplo más claro de lo uno y de lo otro. Inevitablemente vendrá Cuba más tarde, Nicaragua… y todos los personajes que, en posiciones de abuso, han robado lo indecible a los pueblos maltratados en una indigencia que a muchos enriqueció sin moral, sin freno y sin vergüenza.
Puede que sea inevitable un nuevo Orden Internacional: un mundo repartido entre las grandes potencias. Pero si saben vigilarse unas a otras entre acuerdos de beneficio colectivo, será preferible a estas singularidades despóticas que se ejercen caprichosamente, sin más control que un Derecho Internacional inservible del que ellos se aprovechan para que nadie impida el “legal” ejercicio de su tiranía.
Pedro Villarejo