Las bacterias de nuestro propio intestino pueden influir en nuestra voluntad para hacer deporte

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Ratones
Los investigadores registraron cuánto corrían los ratones en sus ruedas y, a partir de ahí, rastrearon las bacterias intestinales que motivan esta actividad. Fuente: CHRISTOPH A.THAISS

Los científicos descubren que las bacterias intestinales hacen que los ratones hagan más ejercicio y pretenden trasladar esta investigación a los humanos

La fuerza de voluntad que tenemos para levantarnos del sofá y decidir hacer deporte depende de cada uno. Sin embargo, las bacterias de nuestro intestino pueden ayudarnos a tomar esa decisión. Unos estudios publicados en la revista Nature ponen de manifiesto que nuestra microbiota puede estar detrás de las diferencias en el deseo de hacer ejercicio de cada persona.

El equipo de científicos se ha centrado en unas moléculas microbianas específicas que estimulan el deseo de un ratón de correr y seguir corriendo. Descubriendo cómo estas moléculas pueden actuar en nuestro cerebro, el grupo pretende indagar en la posibilidad de saber si esas señales cerebrales en los ratones podrían ayudar a mantener activos a los humanos.

Aleksandar Kostic, el microbiólogo de la Escuela de Medicina de Harvard y cofundador de la compañía que elabora probióticos para mejorar el estado físico, FitBiomics, señala que el trabajo «establece cuán crítico es el microbioma para el ejercicio y profundiza increíblemente en proporcionar una nueva conexión intestino-cerebro». Según esto, los investigadores ven viable el desarrollo de píldoras que contengan estas moléculas, para que la gente las pueda tomar fácilmente.

Algunos ratones corrían más de 30 kilómetros en 48 horas, mientras que otros no se movían

Para encontrar una explicación al porqué de que algunas personas les guste hacer ejercicio y a otras no, el microbiólogo de la Universidad de Pensilvania, Christoph Thaiss, estudió ratones criados para tener mucha variación genética y de comportamiento. Con esto, pudieron ver que los ratones activos y perezosos no mostraron diferencias significativas en su genética. Su equipo encontró una diferencia de más de cinco veces en la distancia que los ratones corrían sobre ruedas en sus jaulas: algunos recorrieron más de 30 kilómetros en 48 horas, mientras que otros rara vez se movían sobre sus ruedas.

Pero, los investigadores notaron una diferencia importante en la actividad de los ratones cuando se trataron con antibiótico, que podría estar relacionada con «el subidón del corredor«, una sensación de bienestar que acompaña al ejercicio prolongado.

El equipo también descubrió que los ratones «sin bacterias» se vuelven más activos cuando se les administran las moléculas de los ratones más vigorosos. Esto podría demostrar cómo esas bacterias envían una señal que interfiere con la dopamina en el cerebro, lo que hace que se acumulen en el centro de recompensa de nuestro cerebro, promoviendo la sensación de bienestar.

Evidentemente, trasladar esta investigación de los ratones a las personas es muy complicado, ya que el cerebro de los primeros elabora patrones de actividad mucho más simples que los nuestros. Además, se debe tener en cuenta cómo difiere enormemente la estructura muscular y la bioquímica de los humanos y los roedores.

Sin embargo, como dice Kostic, «este sistema de recompensa es una faceta tan central de la fisiología que es algo que casi con certeza es cierto en otros mamíferos«, incluidos los humanos.

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