Escuchándolo, se puede caer en la tentación de si el perverso, el equivocado, el malandrín, el dictador, el loco… es uno o el de enfrente que está en la ser como un mesías satisfecho que hubiera a los cielos. Aunque tengo amigos psiquiatras nunca solicité hasta ahora sus servicios. Digo hasta ahora porque he llegado a la conclusión que veo las cosas al revés y soy hijo de un eclipse continuo. Tengo miedo de creer que vivo sin darme cuenta en un inmerecido paraíso. La Providencia no estuvo equivocada al poner a este señor en nuestro camino, somos nosotros los equivocados al pretender salirnos del suyo.
Menos mal que, al compartir este desdoblamiento confuso con amigos y conocidos compruebo que ellos están en parecidas o peores condiciones y propongo entonces la palabra mágica con que Felipe II calmaba a los suyos: “¡Sosegaos!”
…La ironía con la que tantos escribimos de lo mismo puede que algo consuele, pero despedaza las ilusiones de regresar a la cordura mientras el actual presidente proclame, en voz alta, que en estos momentos no se dan las circunstancias para un relevo en el gobierno… ¡Sólo Dios sabe hasta dónde piensa llegar!
Pedro Villarejo