En tiempos de atropellada indiferencia urge el humor como el oxígeno que revitaliza al moribundo. Pocos actores me hacen reír hoy, después de Tamariz o Chiquito de la Calzada o el argentino Luis Landrisina, a quien conocí en un almuerzo con amigos y me ofreció la delicadeza de que “los andaluces no exageramos para mentir, sino para sorprender”.
Cuando elijo reírme solo y a carcajadas acudo a los famosos protagonistas del añorado Luis del Olmo con Tip, Mingote, Antonio Ozores, Alfonso Ussía… desde ellos es fácil superar las tristezas y recuperar el olvido.
Tip, en el último que escuché, sostiene que a las cinco de la mañana suele a uno picarle la cabeza. “Son liendres, no hay duda”. Y entonces toca a la puerta un señor que vende liendreras para encerrar a los bichitos turbadores. En esos momentos, sigue apostando Tip en su monólogo, ¿quién va a negarse a comprarle una liendrera a quien viene de madrugada para socorrernos…
Ocurrencias así, de impresionante surrealismo, serían obligatorias en el Consejo de ministros o en el Congreso de los Diputados.