Admiro a este socialismo nuestro tan versátil que lleva años enfundándose la chilaba mientras desnuda de sotanas a las iglesias. Fervorosos de los ayatolás, abiertos y comprensivos para los terroristas de la franja de Gaza y resueltos a dejarles paso sin límites a nuestros vecinos marroquíes más desprotegidos, los “progresistas inconfundibles” que nos deslumbran, celebran con ellos el final del Ramadán, por más que no compartan la ausencia en sus bocas de las lonchas del buen jamón ni la excelente manzanilla que lo mejora.
Como si esto les pareciera poco, la alcaldesa de Palencia, creyente radial si eso conviene, ha celebrado con los musulmanes el cumpleaños del nacimiento de Mahoma, que es como una Navidad sin turrón ni mazapanes, aunque mirando de reojo el cava que, de un año para otro, descansa en casi todos los frigoríficos. Y lo extraordinariamente audaz es que tal celebración se ha llevado a cabo en la católica parroquia de San José, que el pobre no tiene la culpa.
Si la tiene el cura consentidor y desorbitado, y el obispo, que no lo mandó en ese instante con los muecines, a la mezquita de Tánger.