La vida reducida a besos

21 de octubre de 2026
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Definir es limitar, empobrecer la inmensidad posible, por eso la vida es tanto a la vez que nadie se atreve a detenerla en un ramo de ideas. Todo y nada al mismo tiempo es la vida que se desprende de una rosa abierta, de una ola que desplaza el blanco de las espumas, o en los encajes del camisón de alguien que calienta tu cama. La vida es el barco que decide llevarte o los ojos que aparecen en la noche dando claridad a las sombras… Sin embargo, como es preciso resumir en brevedad las magnitudes, yo diría que la vida es el beso apasionado de Pedro Sánchez a su esposa Begoña, esa tarde de llantos efusivos, redentores ante el escarnio de una justicia que los enfiló por el solo hecho de verlos limpios y enamorados.

El ”Te quiero” del presidente a su mujer, enardecido en las palmas desajustadas de la ganadora socialista en Andalucía, hicieron fluir en todos el río de lágrimas que llevamos dentro para las ocasiones. Aunque sabiendo lo mentiroso que ha demostrado ser, a lo mejor resulta que en la mejilla de su mujer ha horadado un nuevo surco al engaño para mostrarnos nuevamente que es posible fingir, con amores incluso, ante venideros fracasos. También el disimulo es parte de la vida, como la flor de papel que lleva Tezanos en la solapa.

Pedro Villarejo

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