Con la oronda robustez que le caracteriza, el señor Junqueras acaba de advertirnos a todos que su formación política, y él mismo, están dispuestos a que les partan la cara con tal de que sirva en provecho de las gentes. Y me preocupa hondamente porque, si además del ojo como lo tiene, le parten la cara va a desfigurarse aún más su proyecto de independencia sostenible. Y si al señor Rufián, su valido en las Cortes, le sucede lo mismo, sería conveniente cambiar la nomenclatura de Izquierda Republicana por los de la Cara Partida.
Desconozco cómo van las encuestas de unos y otros, tales para cuales, en la porfía del independentismo y de su ilusión de que el catalán se hable en todo el mundo. Pero me temo que Junts, sin la amnistía de Puigdemont y Junqueras con la cara modificada, van a necesitar más defensores que la vicepresidente primera en funciones del gobierno para llegar indemne al butacón de la OIT.
En el argot de los toreros se desean éxitos con la frase acostumbrada: “Que Dios reparta suertes”. En este caso, más que suerte ha de repartir sentido común , el seny de los antiguos catalanes y un refinamiento en desuso para tratar al resto de españoles.
Pedro Villarejo