Seguramente, por ser muy joven, la señora Monserrat Mínguez, portavoz en el Congreso del partido socialista, no ha escuchado a Perlita de Huelva en aquellos escenarios de los ochenta: “Precaución, amigo conductor, la senda es peligrosa”. Muy peligrosa para los que proclaman la verdad sin tener en cuenta sus mentiras: el conductor de Perlita puede verse de pronto en el accidente mortal de las ideas… A nadie debe llamarse buitre carroñero cuando se tiene un criadero en la propia familia. Y quedaron sin pagar a Hacienda cinco años de impuestos atrasados.
Además de Monserrat Caballé y su hija Monsita, conocidas ambas por el embeleso de sus gargantas privilegiadas, aparece ahora otra Monserrat que desafina como pocas en el concierto de los más altos despropósitos. Rubia, fosforescente y agradable de ver, aunque no siempre de escuchar, esta señora de impostados argumentos ha patinado en “la senda peligrosa” de unas elecciones a la vuelta de la esquina, con tantos accidentes previsibles en la carretera… Los otros, los de enfrente, patinan con parecida frecuencia creyéndose ya los ganadores: ¡sean precavidos, que si no funcionó la ley de nietos, estará al caer la ley de primos!