Creo que fue Shakespeare quien argumentó la posibilidad de que, con las mismas palabras, pueda escribirse una comedia o una tragedia. Sería cuestión de saber enlazar debidamente las intenciones.
De ese modo, el Presidente de Francia alaba al nuestro por su valentía singular al defender el “no a la guerra”, y luego prescinde de él a la hora de organizar con Alemania e Inglaterra una defensa conjunta de sus intereses, ayudando en su empeño a los EE.UU.
Sinceramente duele que al Presidente de mi País le reconozcan como el Ayatrolas porque se acomoda con facilidad a la tragedia o a la comedia, a despreciar a Bildu o al ayuntamiento con ellos, a la tiranía iraní o al envío al día siguiente de una fragata a Chipre, por si acaso.
Desde que aquel Presidente, de infeliz presencia, tuviese la osadía de no levantarse ante el paso de su bandera, América del Norte recela de creernos. Una cosa es ser idealistas y otra, muy otra, defender sus interesados principios a costa de un perjuicio colectivo.
Pedro Villarejo
Pedrouve coloca la mota de oro sobre la tuerca oxidada. Quien desde los cargos institucionales no lo es para todos, no lo será para nadie. Pueden hacerse profundas reflexiones en breves espacios.