Muchos argentinos dicen que ellos han heredado los defectos de España y de Italia, en sus establecidas mayorías. Pero yo creo que también han heredado sus virtudes, que son muchas y no valoradas como corresponde. Además de histriónicos y enredadores, los argentinos son cultos, inteligentes, familiares y defienden la amistad como una luz que caminara con ellos. Y poetas. Un entrañable amigo de Buenos Aires me decía que en primavera le costaba pasear por la avenida de Santa Fe, poblada hasta el cielo de jacarandás, porque le dolía pisar la flor azul alfombrando las aceras.
Y como les conozco bien por haber compartido con ellos dieciocho años de mi vida, sé que también les dolió siempre la incertidumbre de una política azarosa y corrupta, como la que han vivido, sin demasiada esperanza de cambio. Como la mayoría tiene en su árbol genealógico ascendientes italianos o españoles, encontrar una ley que les ampare, por si han de emigrar, siempre les agradó como el mejor salvoconducto. Ignoran sin embargo que pronto será igual de necesario una ley que nos dé cobijo allí a los españoles porque la situación no pinta bien en nuestras latitudes. ¡A Argentina todos o a Marruecos, que está casi vacío!
Pedro Villarejo