Confieso no estar de acuerdo en todo con el brillante discurrir filosófico de Fernando Savater, tampoco es necesario, pero su lectura es culta, indispensable y aleccionadora para una sociedad que lee poco y piensa menos.
En estos días yo también estuve atareado en resaltar la imprudencia sociológica (permítaseme el eufemismo) del homenaje laico a las víctimas del tren descarrilado en Adamuz. Por fin, parece ser que se pospondrá gracias, supongo, a alguien que ha ofrecido migajas de sentido común. Savater acuña dos palabras acertadísimas en su artículo referidas al pretendido homenaje: nos gobiernan “impíos profesionales”, de los que no puede esperarse otra cosa sino impiedades. sobresaltos, incompetencias y escalofríos.
La pietas romana estaba referida a reverenciar a sus dioses y a cuantos habían cumplido honestamente con la responsabilidad de su deber… Y nuestros “impíos profesionales”, como no tiene Dios, ni honestos son en lo que parece, ni ofrecen responsabilidad por ignorancias de oficio, les queda homenajear a las víctimas ante la vastedad de su negligencia.