En buenas manos

1 de agosto de 2026
1 minuto de lectura

Fujimori ha comenzado su discurso de investidura dejando en las manos de Dios su Jefatura de Estado

Si juntásemos en una fotografía los rostros de la presidenta de México con la del rey de Marruecos, llegaríamos a la conclusión de que ni el poder ni la riqueza hacen felices a sus poseedores. Diera la impresión de que ambos son dueños de conciencias intranquilas o están faltos de afectos o les dan a beber limonadas amargas. Quizá cuando el rey en París se quite la chilaba y el turbante descubra que hay otros aires que facilitan la sonrisa y que la mejicana, incómoda consigo misma, necesite más mundiales de fútbol para forzar su complacencia a los jugadores que ganaron y que hablan español, con cara satisfecha.

De cualquier manera, la Presidenta de México, tampoco Lula el de Brasil, han acompañado a Keika Fujimori en su toma de posesión como Presidenta del Perú. Ellos son de izquierdas y no estaría bien visto que les fotografiaran dando la mano a los mandatarios de Argentina o Chile o Ecuador, tan cristianos ellos, tan de derechas.

Fujimori ha comenzado su discurso de investidura dejando en las manos de Dios su Jefatura de Estado. Y las manos de Dios son las mejores para un buen comienzo.

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