En la Fiesta Nacional, que tiene sin sueño al Ministro de Cultura, cuando un toro sale bueno en pases y embestidas, en lances y miradas hasta convertirse en casi minotauro con el torero, se le indulta. En nuestro vibrante Consejo de Ministros es al revés, cuando el toro cornea, roba o prevarica y se prepara para la suerte inevitable de la cárcel, se le perdona, que los nacidos raros y corruptos en la manada, debe permanecer indemnes para ejemplo de los que siguen embistiendo sin la bravura de su casta.
La diferencia entre el Dios Todopoderoso que perdona a sus hijos y nuestro Presidente de Gobierno, es que el primero lo hace por pura gratuidad y el segundo por interés de permanencia… Las Leyes de la Transición fueron angelicales al no prever los luzbeles que hay en toda corte celestial y política. Porque vino hasta nosotros el querubín que todo lo blanquea, especialmente las manchas de su entorno, y con tanto perdón nos animó sin querer a que todos fuésemos corruptos.
Un consejo si me permite Señor Presidente: antes de irse a La Mareta indulte también a los que no han sido ni alcaldes de Linares ni presidentes de la Asamblea Catalana, que los otros pobres también tienen derecho.
Pedro Villarejo