Un tratamiento contra el Alzheimer puede estar detrás de dos muertes en sus ensayos clínicos

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Alzheimer
Los acúmulos de proteína beta amiloide son una de las posibles causas del desarrollo del Alzheimer. | Fuente: Science

El conocido anticuerpo lecanemab de Eisai podría estar detrás de la hemorragia cerebral que le ha causado la muerte a una mujer

Las dudas sobre el anticuerpo lecanemab, comercializado como un tratamiento contra la enfermedad del Alzheimer, no paran de crecer. Recientemente, se ha conocido que una mujer de 65 años, que estaba recibiendo este tratamiento experimental, falleció tras sufrir una hemorragia cerebral masiva. Por ello, los médicos relacionan este hecho a efectos adversos que pudiera tener el fármaco.

Dicha muerte sería la segunda que se sospecha asociada al lecanemab durante su ensayo clínico, según datos no publicados a los que ha podido acceder la revista Science. Esto pone en tela de juicio su seguridad y siembra las dudas sobre si los médicos deberían recetarlo ampliamente o no, si finalmente lo aprueban. El anticuerpo en concreto se une y elimina formas de la proteína beta amiloide, descrita como posible causa del Alzheimer. Sin embargo, anteriormente ya se habían asociado efectos adversos como hinchazón o sangrado con este tipo de anticuerpos.

El caso de la mujer afectada ocurrió en un centro médico de Chicago, donde estaba recibiendo la terapia contra un inicio temprano de Alzheimer. Allí mismo sufrió un derrame cerebral y se le administró un fuerte anticoagulante que derivó en un sangrado importante de la capa externa de su cerebro. Días después, la mujer falleció.

El informe de la autopsia de la mujer se realizó a petición de su marido y en él se asoció la causa de la muerte a los depósitos de proteína amiloide que se encontraban alrededor de un gran número de vasos sanguíneos de su cerebro. Esto podría tener una relación con las inyecciones quincenales que recibía de lecanemab, que pudieron inflamar y debilitar los vasos sanguíneos en exceso. En este caso, las dudas también se posan sobre aquellos que decidieron administrarle el anticoagulante, que se sabe que causa hemorragias cerebrales.

«No tengo ninguna duda de que esta es una muerte causada por el tratamiento. Si la paciente no hubiera estado tomando lecanemab, hoy estaría viva«, declara Rudolph Castellani, un neuropatólogo de Chicago que estudia el Alzheimer y que realizó la autopsia de la mujer. El esposo de la paciente declaró a la revista Science que autorizó a Castellani a hacer declaraciones sobre el caso de su esposa. Sin embargo, no conocemos ninguno de los dos nombres para salvaguardar la privacidad de la familia.

La compañía farmacéutica se niega a reconocer las muertes

La farmacéutica Eisai no ha querido hacer declaraciones sobre el caso de esta mujer, ni sobre la muerte de otro de sus pacientes. «Toda la información de seguridad disponible indica que la terapia con lecanemab no está asociada con un mayor riesgo de muerte en general o por alguna causa específica», aseguró la compañía a la revista Science.

Durante esta semana, Eisai ha prometido publicar el primer informe con los resultados detallados del ensayo de fase 3, que cuenta con la participación de 1800 personas con signos de Alzheimer temprano. Los científicos están expectantes por saber si los «modestos» beneficios que anunciaron en septiembre (los pacientes que tomaban lecanemab tenían un 27% menos de deterioro cognitivo), pueden superar los problemas de seguridad asociados del fármaco.

De aprobarse, este sería el segundo tratamiento «antiamiloide» en llegar al mercado. El primero, Aducanumab, es un medicamento que se aprobó hace relativamente poco tiempo para el Alzheimer, también distribuido por Eisai. Sin embargo, este tampoco está exento de polémica y es que muchos investigadores cuestionan la eficacia de aducanumab, incluso se muestran sorprendidos por su aprobación por la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA).

Debido a esto, los científicos piden prudencia ante la posible aprobación del lecanemab. Estos sugieren que los reguladores tengan en cuenta seriamente estas muertes, ya que se están poniendo sobre la mesa efectos secundarios importantes, tal y como argumenta Andreas Charidimou, neurocientífico de la Universidad de Boston, que examinó el informe sobre la muerte de la mujer para la revista Science. «Cuando hay tantas incógnitas es mejor ser más conservador«, concluye.

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