Estos que llaman de ultraderechas tienen unos argumentos de amor irresistibles alentando la vida. Mientras, los por ellos mismos nombrados progresistas levantan la voz cuando exigen a todos que creamos en “el derecho” de abortar. Felicito a la señora Meloni, primera ministra de Italia, por su ofrecimiento de mil euros al mes, durante cinco años, a la mujer embarazada que decida no abortar. Esta medida también pude tener su picaresca en algunas mujeres italianas, pero se ha de suponer que habrá un filtro de condicionantes.
En 1937 Chesterton adelantaba que «se permitirá al gobierno y a los expertos, sin juicio o discusión, disponer de las generaciones de no nacidos con la ligereza de los dioses paganos». Los dioses paganos se instalan ahora en la laxitud de lo que equivocadamente se llama derecho y libertad. Creer en la vida y buscar los medios para que se multiplique, es el mejor servicio que puede hacerse a la sociedad en que vivimos. La mayor riqueza y el mejor regalo.
En muchos argumentos se ha de revisar la adhesión o el rechazo a los que se llaman con desprecio “de ultraderechas”.