En los ánimos de mucha gente latía la esperanza de que, entre los líderes del mundo, y el Papa lo es, surgiera una cabeza dotada de corazón, humanidad y sensatez…
A sus ochenta y tres años, de buen ver y mejor sentir, nos ha dejado Mamerto, el abad benedictino de incalculables horizontes. Dios estará embobado con sus cuentos…