Papelitos

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cuentos de verano

A veces (no muchas) ocurren milagros y las distancias que nos parecen insalvables, simplemente desaparecen. Sólo hay que querer… y creer.

Él llena papelitos amarillos de letras y palabras. Noche tras noche se derrama en bellos mensajes y se los manda a ella, que los recibe, los abraza, los besa y se vierte en otros que le envía a él en botellas viajeras a través del mar. Ella está en una orilla del océano; él en la opuesta, oteando sin tregua los horizontes, buscando con ansia aquellas botellas repletas de amor que bailan entre las olas.

Él ya no puede resistir más. Tanto y tanto la escribe, tanto teme perderla en la distancia, tanto le asusta el olvido, que su alma se disuelve por completo y se funde en los papelitos, en miles de ellos, gritando besos y amores que el viento arrastra a través del firmamento.

Parece haber llegado el otoño a la playa donde ella aguarda. Asombrada, ve caer esas hojas tan raras. Son muchísimas, cuadradas, pequeñas, amarillas…Hojas que se van posando suave, muy suavemente sobre la arena. Recoge la primera: “Te amo…” recoge la segunda: “Te deseo…” recoge la tercera: “Te necesito…” Brinca por la playa rescatando los mensajes, persiguiéndolos. Besos, abrazos, susurros, caricias… Todo el amor en cuadraditos.

El viento los arrastra de aquí para allá y ella corre tras ellos intentando que no se pierda ninguno. Y de pronto, cuando por fin ha conseguido atraparlos todos, un potente remolino de aire y luz se los arranca de las manos y los agita y los sube hasta las estrellas y los vuelve a bajar, girando, girando, girando más, hasta que los deposita de nuevo en la arena, uno encima de otro, formando una figura… Ella la mira asustada, muy quieta… Su corazón palpita rotundo. Su sangre corre enloquecida. Casi no puede respirar. El remolino ya ha dejado de dar vueltas. Los últimos papelitos se posan del todo y entonces… él recupera su alma, su amor y su vida, guardados en aquellos hermosos papelitos amarillos arrastrados por el viento y recupera su cuerpo amante y la abraza a ella, ¡a ella! que aun tiembla.

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