«Somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y cuando ustedes estudian esa realidad nosotros volveremos a actuar. Nosotros somos actores y ustedes se limitarán a estudiar lo que hacemos». Karl Rove, asesor de Bush, Casa Blanca, 2003
Antes de sentarme a escribir llamé este martes a Mariano Barroso (Barcelona, 1959), director, guionista y productor de cine.
-Mariano, ¿qué diría tu hermano Miguel?
-No creas que no me lo pregunto
Miguel Barroso, periodista, exsecretario de Estado y asesor de presidentes socialistas murió hace ahora algo más de dos años el 13 de enero de 2024, de regreso de uno de sus frecuentes viajes a La Habana, y aconsejó al presidente Pedro Sánchez a adelantar seis meses las elecciones generales al 23 de julio de 2023, tras el batacazo del PSOE en las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo de 2023. Sánchez anunció al día siguiente, el 29 de mayo, la disolución de las Cortes Generales y la cita con las urnas el 23 de julio de 2023. Los dos, Mariano y yo, sabemos que su hermano fue clave en el desenlace que ha permitido a Sánchez gobernar una nueva legislatura, contra todo pronóstico.
Estos días, cuando la mayoría de los gobiernos europeos dan la espalda a Donald J. Trump («Esta no es nuestra guerra» ha titulado ‘The New York Times’ con la respuesta de Europa a la ayuda solicitada por Trump) en la guerra de Irán, el presidente español ha conseguido una popularidad sin precedentes en el mundo, entre otras cosas por las diatribas y amenazas del presidente estadounidense.
Esa posición del Gobierno español, desde el 28 de febrero de 2026, siguió a su actitud en la guerra de Gaza, primero con la denuncia de la masacre de civiles palestinos por el Ejército israelí hasta, más tarde, la condena del genocidio palestino.
En términos internacionales, pues, Sánchez pasa por una etapa boyante. Dominique de Villepin, el ministro de Asuntos Exteriores francés que denunció en marzo de 2003 la guerra de Iraq en Naciones Unidas, se siente ahora tan identificado con Sánchez, en la guerra de Irán, que el 9 de marzo declaró: «Pedro Sánchez es el único que está salvando el honor de Europa».
Si fuera por esto, si Sánchez considerase la situación ideal para anticipar elecciones -como le recomendó Barroso en mayo de 2023- pocas dudas ofrece el calendario. Vamos, aprovechar la polarización -el apoyo de PP y Vox a las «democracias liberales sin matices» en guerra – Feijóo, 1 de marzo de 2026 – y hacer una campaña por el voto útil al PSOE con la guerra de Irán en el frontispicio.
Una vez convocadas las elecciones en Andalucía, Sánchez podría citar para el mismo día previsiblemente de junio las elecciones generales. Ello permitiría en teoría disolver las andaluzas en las generales y difuminar la debilidad de la candidata socialista María Jesús Montero.
Mariano Barroso no sabe qué diría su hermano Miguel; tampoco yo lo atisbo. Tampoco es posible conocer qué va a dar de sí la guerra de Irán y el golfo Pérsico, aunque es fácil predecir que su duración será mucho mayor y sus consecuencias más devastadoras frente al golpe previsto por Trump y Netanyahu.
Quienes han decidido embarcarse en ella, después de apoyar el golpe en Venezuela, como Feijóo, Abascal y Ayuso, con distinto grado de entusiasmo, tendrán en cuenta -quizá no les importe- que el barco de guerra americano tiene como destino próximo, después de Irán, el puerto de La Habana, donde Trump acaba de decir que puede hacer lo que quiera con Cuba.
Sánchez ha dicho muchas cosas -que no tenía por qué decir- y ha hecho exactamente lo contrario todos estos años. Ha dicho una cosa y todavía nadie le puede acusar de hacer lo contrario: que agotará la legislatura, que las elecciones serán en 2027.
Convocar elecciones anticipadas con el ardor de la guerra de Irán y el golfo Pérsico sería una muestra de que hace una vez más lo contrario de lo que ha dicho. Y sobre todo de oportunismo en medio de la crispación e incertidumbre.
París bien vale una misa, suele decirse para establecer prioridades. Su popularidad internacional podría ser el incentivo para hacer las elecciones en medio de la hoguera de Oriente Próximo y, caso de perderlas, aprovechar cualquiera de las puertas que se le han abierto en diferentes instituciones del mundo. Pero se da la circunstancia que quiere ser el candidato del PSOE. Por tanto, no se trata de una cruzada personal. Lo lógico es seguir el GPS trazado. Es decir; que PP y Vox formen sus gobiernos autonómicos (Extremadura, Aragón y Castilla y León, hacer de tripas corazón en Andalucía.
En el periodo posterior a la formación de estos gobiernos y ante las consecuencias de la guerra en Irán y el golfo Pérsico, que los ciudadanos, como dice un alto cargo del Gobierno, «se enteren de lo que vale un peine» e ir a las elecciones generales no con aquello de ¡qué viene el lobo!, sino con los lobos gobernando casi un año.