Con ocho o nueve años me enviaban a la pescadería de Estrella a por sardinas, jureles, calamares o cualquier pescado fresco que hubiese llegado ese día de la capital. Recuerdo que Estrella en su limpísimo mostrador de azulejos tenía a la vista los pescados “sin compromiso” y dentro, en otra plataforma cuidada para “clientes especiales”, la mejor mercancía garantizaba el disfrute de sus amistades. El pelo, desgobernado, lo recogía Estrella en una goma azul tapándose la nuca:
-Estas “doradas” las tenía escondidas para tu abuela. Dile que me guarde el secreto.
Y mi abuela, temiendo quedarse sin el privilegio, lo callaba.
La ministra de sanidad con parecido recogimiento capilar a la pescadera de mi pueblo, ha advertido a los médicos de Ceuta que como digan la verdad de lo que allí está pasando a la prensa “tomará medidas” y que se atengan a las consecuencias. Ella guarda soluciones en la trastienda para sus amigos y a los demás les ofrece los boquerones de su incompetencia.
¡Silencio!, que si los otros se enteran dirán que ellos también tienen derecho.
Pedro Villarejo