La habilidad traicionera del “País hermano” pasa por ir ocupando poco a poco la ciudad de Ceuta, que no es suya, hasta que la convivencia se haga insoportable y los propios pasen a ser los ajenos. Cuando Franco agonizaba ya lo hicieron con la marcha verde; ahora, con un gobierno agonizante, vuelve el estilo del “yo no he sido” mientras lo están llevando a cabo con el simplismo y el terror de nuestro ejecutivo.
Menos mal que el presidente, entre buceo y buceo, resuelve con el ordenador las asfixiantes urgencias de los que reclaman robos, violaciones y atropellos de los invasores. A los que piden orden y leyes les llaman xenófobos y racistas. A los que quieren vivir en paz los silencian en sus telediarios.
Como cristianos nunca seremos ajenos al sufrimiento de los que malviven en sus pueblos, pero es indispensable una disciplina que organice.
El rey Alfonso XIII acabó exiliado por su connivencia con la dictadura de Primo de Rivera. Aunque ya lo están intentando, defenderemos con vigor nuestra monarquía por más que pretendan victimarla en una “blandura” tan desvergonzada.