Se lamentaba un amigo en conversación con sus hijos que apenas si ya hay circos que deleiten a los niños y mayores por los pueblos con sus fieras, payasos y trapecistas. La sociedad es muy sabia y se ha dedicado últimamente a instalar circos en el decir de muchas personas, en el sentir de otras y en la amansada locura de una selecta minoría, a la que pertenece sin duda el reciente premio Nadal David Uclés.
Confieso que a este señor no le conocía de nada antes del premio pero, nada más ganarlo, se encasquetó la chapela y no ha cesado de darnos argumentos gratis y gratificantes para no echar en falta los circos de otros tiempos.
Seguramente la boina que lleva le ha revelado que el último movimiento sísmico sufrido en Granada, el mismo día y mes que fusilaron a Federico García Lorca, es una venganza telúrica, una terrible manera que tiene la tierra de sacudir la vida de quien ya está muerto y nadie ha podido encontrar… Estuve a punto de comprar el libro ganador del nadalista geólogo, pero con estas reflexiones tengo ya suficiente alimento para sentirme satisfecho.