Muere Jean-Jacques Sempé, padre de El pequeño Nicolás

12 de agosto de 2022
1 minuto de lectura
Jean-Jacques Sempé
El creador de El pequeño Nicolás, Jean Jacques-Sempé | Fuente: Oliver Meyer, vía Wikimedia Commons

El dibujante ha fallecido a los 89 años por causas naturales, según apunta su biógrafo Marc Lecarpentier

El dibujante francés Jean-Jacques Sempé, conocido por la aventuras de El pequeño Nicolás y sus viñetas en la prensa, ha fallecido este jueves a los 89 años, según ha informado su biógrafo y amigo Marc Lecarpetier.

«El dibujante de humor Jean-Jacques Sempé falleció tranquilamente el jueves 11 de agosto a los 89 años en su residencia de vacaciones rodeado de su mujer y amigos», informó Lecarpentier. Esta declaración se sumó al pésame del presidente francés, Emmanuel Macron, quien evocó «la tierna ironía, la delicadeza de su inteligencia, el jazz» de Sempé y aseguró que el país «echará en falta su mirada y su lápiz».

Sempé nació en Pessac en 1932. Hijo ilégitimo de una escaramuza de su madre con su jefe, vivió una infancia difícil que a todas luces le sirvió de inspiración para crear su opera magna. También pasó buena parte de sus primeros años en centros de acogida y, posteriormente, bajo la tutela de una madre violenta y un padre alcohólico.

«Nunca superas tu infancia», reconoció en una entrevista a los ochenta años de edad. «Intentas resolver algunas cosas, hacer los recuerdos más bonitos, pero nunca lo superas», mencionó en relación a su experiencia traumática.

Tras una breve estancia en el ejército, Sempé empezó a trabajar en una agencia de prensa. Se cree que fue en esta época cuando trabó amistad con uno de los cofundandores de Astérix y Obelix, el también dibujante René Goscinny. Juntos dieron vida a El pequeño Nicolás en 1959.

Los cuentos simbolizaban una visión utópica de la infancia francesa a través de la cual se trataba de desgranar verdades morales, siempre bienintencionadas. «Era una forma de asegurarme que todo había ido bien», admitió Sempé en 2018. En sus páginas también se atisba una ferviente pasión por la música, en concreto por el jazz, un género que siempre se mantuvo entre las principales aspiraciones del dibujante.

En 1978, la prestigiosa revista The New Yorker, contrató sus servicios como ilustrador y, desde entonces, su éxito fue fulgurante, llegando a vender hasta 15 millones de copias en 45 países. También ejerció como colaborador habitual de la prensa, para la que retrataba a menudo viñetas de actualidad siempre asociadas con el mundo infantil.

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