Cada 6 de enero, mientras se apuran los últimos roscones y los niños estrenan juguetes, millones de personas miran de reojo un décimo guardado en la cartera. El Sorteo Extraordinario de El Niño 2026 vuelve a convertirse en protagonista del arranque del año, repartiendo 770 millones de euros en premios y, sobre todo, una enorme dosis de esperanza compartida. No se trata solo de cifras: es la tradición de confiar en la suerte justo cuando empieza un nuevo capítulo.
El sorteo se celebrará este martes a partir del mediodía en Madrid, organizado por Loterías y Apuestas del Estado, y seguirá el sistema de Bombos Múltiples, el mismo que garantiza transparencia y emoción hasta el último número. En total, se han puesto en circulación 55 series de 100.000 billetes, con un precio de 20 euros por décimo, una cantidad asumible para muchos bolsillos que permite participar en uno de los eventos más esperados del calendario.
El primer premio, dotado con 2 millones de euros por serie, supone 200.000 euros al décimo, una cifra que puede cambiar una vida sin estridencias, pero con estabilidad. A él se suman un segundo premio de 750.000 euros por serie y un tercero de 250.000 euros, además de miles de premios menores que hacen que este sorteo sea percibido como uno de los más “agradecidos”. No es casualidad que muchos lo vean como una segunda oportunidad tras la Lotería de Navidad, según Europa Press.
El gasto medio por persona roza los 19 euros, ligeramente superior al del año anterior. Comunidades como Asturias, Castilla y León o La Rioja lideran la inversión por habitante, reflejando una relación histórica y emocional con este sorteo. En el otro extremo, Ceuta, Melilla y Baleares muestran cifras más discretas, recordándonos que la ilusión no siempre se mide en euros.
Las estadísticas también alimentan conversaciones y rituales. El 0 es la terminación más repetida del primer premio a lo largo de la historia, y Madrid destaca como la región más agraciada. Aun así, cada sorteo es único y rompe con cualquier previsión, lo que mantiene viva la magia.
Con más de un siglo de historia, El Niño ha pasado de ser un complemento navideño a consolidarse como el segundo gran sorteo nacional. Hoy sigue cumpliendo su función esencial: ofrecer un instante de emoción colectiva, una pausa para imaginar futuros mejores. Porque, al final, más allá del dinero, El Niño reparte algo igual de valioso: la ilusión de empezar el año creyendo que todo es posible.