El inicio de un nuevo año suele venir acompañado de propósitos personales, y para Kiko Rivera el deseo principal parece ser alcanzar la paz tras un 2025 especialmente convulso. Después de meses marcados por rupturas y conflictos familiares, el DJ afronta 2026 como una oportunidad para recomponer su vida emocional y encontrar estabilidad, según recoge la revista Lecturas.
El pasado año supuso un punto de inflexión con el final de su matrimonio con Irene Rosales. Tras una conversación sincera después del verano, ambos coincidieron en que la relación estaba agotada y decidieron separarse. Poco después, Irene inició una nueva relación, lo que provocó malestar en Rivera, que llegó a hablar de “traición” y a insinuar una falta de sinceridad por parte de su exmujer.
A pesar de las tensiones iniciales, uno de los grandes objetivos de Kiko sería mantener una relación cordial con Irene por el bien de sus hijas en común. Aunque se habló de un pacto de no agresión mediática, ambos han concedido entrevistas en las que han aireado los problemas del pasado. Irene llegó a confesar que se sentía más como “la madre” de Kiko que como su esposa, mientras él negó sentirse culpable de los perdones recibidos.
En el terreno sentimental, Rivera también ha iniciado una nueva etapa. A finales de diciembre confirmó públicamente su relación con la bailarina Lola García mediante un comunicado en redes sociales: “Que lo sepa el mundo: soy feliz”. Desde entonces, la pareja se ha mostrado unida y visible, incluso compartiendo tiempo con los hijos del DJ, un gesto que él considera clave en su proceso de estabilidad personal.
Otro de los propósitos importantes para Kiko sería recuperar el contacto con su hermana Isa Pantoja. En una reciente entrevista, reconoció por primera vez que muchos de los episodios que ella denunció en el pasado eran ciertos y mostró arrepentimiento por su comportamiento cuando ambos eran niños, dando un paso significativo hacia la reconciliación.
Por último, 2026 podría traer un posible acercamiento con su hermano Fran Rivera, tras años de enfrentamientos marcados por reproches familiares y disputas públicas. Aunque la relación quedó prácticamente rota, el nuevo año se presenta como una oportunidad para cerrar heridas y dejar atrás una etapa de conflictos que ha marcado profundamente a la familia.