Cervantes dejó escrito claramente que Don Quijote estaba cuerdo a ratos y otros, los más, reflejaba una evidente locura, como cuando confundió a los molinos de viento con gigantes que había de combatir… pues resulta que el hidalgo no estaba loco, era verdad: los molinos, hoy también, resultan ser gigantes de aspas poderosas que siguen moliendo el trigo de sus conveniencias.
Está triste el fundador de Podemos porque ha desaparecido de la Ser la tertulia en la que él, tan brillantemente, participaba. Y arremete con razón contra los gigantes-molinos que han decidido no moler su trigo, silenciando su palabra ecuánime y ofreciendo a los oyentes otra harina más blanca que la suya. Y es que, en los campos de tanta mancha, donde las dan las toman.
Le aconsejo al de Galapagar que lea a Jaime Siles y escuche de su voz un buen consejo: “Ásperas aspas que moléis los días / ásperas aspas que moléis los mares, / movéis en la penumbra prodigiosa / el pétalo de luz de las edades.