Charles Kibaki Muchiri, guía de montaña desde hace más de dos décadas, recorre con la mano el agua que escurre por lo que un día fue el glaciar Lewis. Hoy, solo quedan restos de una masa de hielo que asombró a miles y que ahora se derrite sin pausa.
Estudios científicos revelan que el glaciar ha perdido cerca del 90% de su volumen desde 1934. Si la tendencia se mantiene, el Monte Kenia será testigo de su desaparición total en menos de una década, según una información de AFP.
Lo que antes era hielo eterno hoy es roca desnuda. La pérdida de los glaciares no solo transforma el paisaje. Afecta al turismo, a las rutas de escalada y, más grave aún, al abastecimiento de agua para las comunidades que viven al pie de la montaña.
La temperatura del océano Índico tiene mucho que ver con el retroceso de estos glaciares. Menos humedad significa menos nieve, y sin la capa protectora, el hielo sucumbe ante el sol.
Mientras la Unesco protege el monte Kenia como patrimonio mundial, los habitantes y expertos se preguntan cuánto tiempo queda para salvar no solo el paisaje, sino la memoria congelada de África.