La prueba evidente de que el cristianismo no es una ideología se manifiesta en que ningún partido político es capaz de convocar, con estos resultados, a una multitud incontable de sueños en la calle.
Porque los jóvenes, y los no tanto, la inmensidad de creyentes que acompañan estos días al papa León XIV, son sueños de paz crecidos en el corazón de la almas.
Cualquier vida está llena de oquedades que aguardan una llenura sin conseguir todavía. Nada de este mundo satisface del todo: a la hora de escuchar las propias intimidades, un dolor suave de conciencia arrepentida navega por dentro buscando una reparación o una presencia redentora.
El Vicario de Cristo aparece de pronto al lado nuestro, con los sueños de todos en la mano, con el silencio de Dios en todas sus palabras, purificando las consideraciones desajustadas en nuestro comportamiento, revelando en amarillos el perdón.
España ha respondido. También porque le necesita. Cuando se tiene sed nada es más urgente que el nacimiento de un río o un sorbo de agua, al menos, para mojar los labios.
Pedro Villarejo