El pueblo no tiene que salvar al pueblo. Para eso tenemos un gobierno, se supone «responsable», pero que actúa tarde y mal, y pretende siempre salvarse culpando a otros. Pero ellos solos se descubren al demostrarnos lo poco que les importamos a los ciudadanos que vivimos en cualquiera de nuestras comunidades españolas.
¡Somos solidarios porque así nos educaron los nuestros! Y ante la inacción de quienes, debiendo actuar, lo hacen lento y en consecuencia tarde, nos exponemos para poder salvar a los nuestros.
Con un gobierno bien estructurado y con medios suficientes, no veríamos ese espectáculo dantesco de ciudadanos uniendo las gomas de riego de sus casas, exponiendo sus vidas e intentando apagar ese fuego que terminó tragándose sus casas, sus tierras y sus ahorros —invertidos en ese hogar familiar muchos de ellos—.
Ese gobierno, que hasta ahora daba saltos en el trapecio de los despropósitos, nos apartó a conciencia de quienes siempre teníamos como aliados y nos lanzó a un vacío institucional.
Hoy ya no pueden tapar sus fallos y el «señor de las moscas», con su gran familia, nos está mostrando su auténtica verdad —que también es mentira—, y promete, promete, pero… nadie le cree.
Esa su familia, que pretende poner como ejemplo, es un claro aviso de lo que no se debe hacer nunca. Pero el gran señor, engolando su voz y mostrando una impostada emoción, cuenta la honrada, inocente y trabajadora familia que tiene. Lo dice como ciudadano, pero su maldito ego le puede y añade: por ser «la familia del presidente», ¿por qué son inocentes? ¿O por eso son precisamente culpables?
Un ejemplo para el pueblo llano que vive con asombro el desgobierno que, sin la menor duda, no actúa conforme a la Carta Magna ni a esa mal entendida democracia que nos expone.
Dan miedo todos ellos, esa corte de agradecidos que dieron su palabra para enriquecerse; no respetan ni leyes, ni pactos, ni a la autoridad superior por encima de ellos. Lo vemos muy a menudo.
Cuando unas personas con cargos importantes, al pertenecer al gobierno, son capaces de ningunear a jueces y presidentes de las comunidades de España, ¿qué podemos esperar?
Pues lo que estamos viviendo: un gobierno sin acción, que parece vendido al enemigo, el cual se ríe de toda España demostrándonos su superioridad. Luego llega ese gobierno tan inactivo, lento y lleno de lastre de todo tipo, y cumple apareciendo solo para hacerse la foto.
No disponemos de los medios necesarios para hacer frente a cualquier catástrofe, como el fuego de este año, igual que pasó con la dana, la catástrofe en Canarias, etcétera, o la del tren, que fue la gran trampa para los viajeros con las muertes de cuarenta y seis personas. Todos se creyeron seguros… y conocemos el triste resultado.
Si pueden, dan ayudas —como hemos visto— para tapar la boca a Marruecos. Qué miedo le tienen a ese rey para doblegar siempre al gobierno, qué pacto o qué secreto guardan…
Mientras aquí suman muertos por la inoperancia de un gobierno que no cumple como debía hacerlo —solo gobiernan para tapar a los unos y a los otros, y no para todos los ciudadanos del país que tan mal representan—, siempre nos dejan mal allá donde se presenten con su doble rasero.
Mientras España arde, el señor de las moscas se marcha de vacaciones con su séquito ante una emergencia nacional, y le da igual. Da mítines insufribles para un pueblo que se ve mermado cada día más, y no solo económicamente…
Mientras ese señor con su alias (el uno) y con su conocida verborrea insufrible pretende seguir en el sillón hasta terminar ese tiempo que le regalaron, y que está pagando con intereses…
Cuando terminen con todo y no quede nada por salvar, después de haber destruido el honor, la grandeza, la credibilidad, etcétera, de esta España herida en sus campos, trastocando su historia, con una juventud confundida y engañada, después de las dádivas —que son una forma de comprarlos—.
Además de borrar en los libros de educación La Gran Historia de esta que es nuestra tierra, que fue grande gracias al sacrificio y la sangre derramada con orgullo y deber por los españoles de entonces.
Eso no aparece hoy en los libros que estudian nuestros jóvenes, por esos cambios políticos, según cambian las presidencias con sus políticas. Pero la verdad es que solo existe una historia, por mucho que pretendan borrarla.
Son políticas para hacernos débiles ante el resto de las naciones, esas que muestran su poder y orgullo ante el mundo.
¿Quién nos respeta hoy con las actuaciones que mostramos al resto del mundo? Sentimos vergüenza y abandono, no nos hacen sentir seguros, somos débiles frente a muchos países que están a la cola.
La ley del miedo les funciona muy bien, pues cuando un país tiene miedo, los ciudadanos se acobardan por temor a perder lo poco que les pueda quedar. Nos castigan subiendo los impuestos; somos más pobres y, por tanto, nuestro poder adquisitivo ha bajado como hace muchos años atrás.
Quienes no lo ven, o son beneficiarios, o «comulgan con ruedas de molino», o se sienten fuera de esta tierra. La situación que estamos viviendo no la habíamos vivido jamás hasta hoy, por desgracia para todos nosotros.
¿Quién tiene la culpa? Solo un gobierno que está doblegado o chantajeado…
Esa pleitesía a Marruecos tiene un color marrón oscuro que nos preocupa demasiado. Que se lo pregunten a los habitantes de Ceuta y Melilla, también a los canarios, y más en estos días de incertidumbre institucional.
Esta es la puerta de Europa, necesitamos una frontera fuerte o los demás países nos dejarán de lado por no ser fiables para llevar a cabo lo que esperan de España: salvaguardar la entrada a Europa. Hemos vivido una demostración de fuerza de Marruecos como haciéndonos ver: «Mirad, españolitos, cómo podemos quedarnos con Ceuta y Melilla» más pronto que tarde.
Nos pueden invadir cuando les dé la gana. Lo estamos viendo. No tenemos medios de defensa y Marruecos lo ha comprobado en estos días; ha sido una lección al gobierno de España.
Y encima, el presidente ha dado las gracias, mostrando su pleitesía servil. Cuentan en los corrillos, tertulias, bares y trabajos que tienen bien cogido a este gobierno por todo lo descubierto en esos móviles, sus más ocultos planes contra la unidad de España.
Ceuta es de España desde hace más de cuatro siglos, bajo la soberanía española desde 1580 y con la unión dinástica de Felipe II, ratificada en 1668 con el Tratado de Lisboa. Melilla es de España desde 1497, más de cinco siglos.
La imagen que está dando Marruecos es que ha sido una invasión orquestada y dirigida por el Gran Hermano Mohamed VI. España sabía lo que se estaba preparando, pero la inteligencia que nos dirige hoy es como los resultados fallidos en las elecciones: o no se enteran o no les interesa.
Prepararon una gran quedada, manipulada desde su propio gobierno, ese que ha empleado a sus jóvenes sin importarles lo que les pudiera pasar.
Ahora ese país tiene en su conciencia esos muertos que no debían serlo y han dejado sus vidas en el trayecto por conseguir algo que era mentira. Esto es muy peligroso que se pueda repetir, pero con un gobierno débil saben que pueden hacerlo, porque tienen guardada la basura de todos ellos y la pueden dar a conocer… ¡cuando les dé la gana!
Nos hemos dejado avasallar y hemos dejado en el suelo las varas de mando o bastón de todas las comunidades; somos el hazmerreír ante el mundo. No estamos seguros con quienes nos abandonan a nuestra suerte, lo estamos viviendo.
¡Esto es una auténtica vergüenza!