Es doloroso, triste e inhumano lo que está pasando con los heridos, con los muertos y con esas pobres personas sepultadas a las que no se les ofrece ningún tipo de ayuda, porque su gobierno no escucha, no ve, no lo permite o continúa bajo las mismas reglas de mando, presididas por la mano amiga del dictador encarcelado en EE UU.
Todo esto ocurre porque continúan gobernando con las mismas prácticas del anterior, hoy encarcelado. Pero muchos de ellos se quedaron guardando con rigor las miserables doctrinas suministradas desde el corrupto poder que los educó. Todo era para enriquecerse a costa del robo y la extorsión, condenando a quienes no alababan a su «Señor de las moscas», el gran dictador, hoy encerrado, según dicen.
¿Qué clase de gobierno existe allí aún hoy? Está formado por gente sin piedad, sin verdad, sin amor a los demás ni respeto por sus semejantes; hoy muchos están atrapados entre los escombros donde mueren heridos, sedientos y hambrientos.
No, señores, no ha cambiado nada, mientras exista la rapiña entre quienes deben ayudar a salvar y sanar a heridos y muertos sin robarles ni el reloj a los que ya no tienen vida. Roban entre los escombros todo lo que pueden vender en esos cambalaches propios de gente miserable.
Qué situaciones tan terribles se están viviendo en Venezuela; se están dando a conocer gracias a familiares que viven entre nosotros. Son solo algunos hechos, contados con mucho cuidado al darlos a conocer. Es un país donde no tienen maquinaria para poder levantar los bloques que ahora son tumbas; había un tiempo muy precioso para salvar a muchos y no lo aprovecharon por una estúpida y miserable burocracia.
Mientras tanto, el mundo permanece expectante, asombrado ante las imágenes que nos llegan, pero estamos demasiado ocupados con nuestras miserables y ambiciosas vidas. ¿Dónde están esos salvadores que nos avisaban de la «nueva Venezuela con libertad» gracias al presidente americano? ¡Menuda mentira nos han contado!
Es más de lo mismo; continúa la «Sra. de los lingotes», amiga de los creadores sin conciencia de los nuevos Estados, esos que pretendían crear a base de dinero, dinero y más dinero. ¡Todos ellos, hoy, sin dignidad alguna!
Qué miedo da esta humanidad perdida. Esperemos que esta vez la naturaleza —con su vida en los fondos de las simas que, crujiendo, se encabritó un buen día ante tanta mentira y maldad— nos diera un terrible castigo a todos los humanos de un lugar en concreto, Venezuela, rompiéndola en un millón de trozos y haciéndonos pagar un alto precio a todos los que portamos dentro de nosotros un alma noble.
No quiero ser reiterativo en mis convicciones, pero es momento de que todos realicemos un profundo examen de conciencia. Aquí se recogen ayudas de todo tipo: ropa, comida e incluso ofrecimientos para ayudar a quitar escombros, que son las tumbas de muchos hermanos. ¿Y ese «renovado» país venezolano, qué les está dando a su propia gente?
No mandéis dinero; solo encomendadlo a personas de legalidad intachable. El dinero es el auténtico demonio tentador de toda clase de mandatarios con caretas. Son capaces de vender hasta a sus propias familias, mujeres e hijos. Son actitudes de una avaricia sin fin, vergonzosas, insoportables y denigrantes para una humanidad con principios.
Son pecados imperdonables los que cometen quienes roban a quienes necesitan sobrevivir, extorsionándolos a base de multas y malditos intereses. Los seres más despreciables que puedan existir son todos los que se han enriquecido con mentiras, con falsos testimonios y con millonarias prebendas que no les pertenecían; eran para las arcas de sus países, no regalos personales. ¿Pero quiénes se creían que eran?
Sigamos pendientes de todo lo que está ocurriendo en Venezuela. Vigilemos esa «nueva libertad» prometida por un mandatario americano que, decían, había terminado con el dictador que tenía las cárceles llenas de quienes no le seguían.
Recordad: Venezuela está sangrando, son nuestros hermanos. No los olvidemos, nos necesitan. Tened piedad, si es que todavía existe en el mundo.