El evangelio, que siempre dice la verdad, refleja al infiel en lo poco como potencial mentiroso en lo mucho. Es decir, que el mentirosillo sin importancia puede ganar las elecciones con un habilísimo juego de manos, que sigue siendo juego de villanos. Y de tales añagazas hemos de librarnos nosotros sin implorar a Dios, que está para otras cosas.
Este temblor de los azogues manipulados detrás de los espejos, se suscita cuando la mayoría de ciudadanos observa las dudas en la honestidad de su ejercicio de los diferentes Organismos del Estado en los que el Gobierno pretende, a veces parece ser que lo consigue, meter su mano pringosa para hacerlo todo resbaladizo.
Se duda de la imparcialidad del Constitucional, de la Fiscalía del Estado, de la directora de la Guardia Civil y su ovillo de enredos, del chantaje con que Marruecos nos invade, de las Cuentas tres años sin presupuestar, del ascenso descarado a los que fueron serviles con una manipulación descubierta. Y ahora, recientemente, ya ni se duda que la Ley de Nietos es una bola de nieve que rueda sucia por las esquinas… Ah, y Tezanos merece un marquesado.