El envejecimiento no afecta a todas las personas por igual. Mientras algunas mantienen su autonomía y vitalidad durante años, otras comienzan a mostrar señales sutiles de deterioro físico, emocional o funcional que indican la necesidad de apoyo. Detectar estos indicios a tiempo resulta esencial para prevenir riesgos y garantizar su bienestar.
Según explica Nicolás Martínez Velilla, portavoz de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), los primeros signos de alerta pueden pasar desapercibidos: dificultad para mantener la rutina diaria, olvidos frecuentes o problemas para gestionar la medicación. Estos cambios suelen combinarse con alteraciones físicas o emocionales que evidencian una pérdida progresiva de autonomía.
Uno de los factores más determinantes en el deterioro de la salud es la soledad, una situación cada vez más frecuente entre las personas mayores. Estar solo puede dificultar el correcto seguimiento de tratamientos médicos y agravar enfermedades existentes. Además, cuando la soledad se prolonga, puede desencadenar problemas de salud mental como ansiedad, depresión o incluso deterioro cognitivo.
La falta de compañía no solo impacta en el plano emocional, sino también en el físico y mental, convirtiéndose en una de las principales razones por las que muchas personas mayores precisan cuidados continuos o el acompañamiento diario de un cuidador.
De acuerdo con el I Estudio del Observatorio Cinfa de los Cuidados, el 35,3% de los cuidadores señala la edad avanzada como el principal motivo por el que su familiar necesita atención. Le siguen la soledad (14,9%) y las enfermedades neurodegenerativas (14,5%), factores que subrayan la importancia de una detección precoz y de un apoyo adecuado.