En apariencia, los comedores escolares españoles cumplen con lo establecido: el 96,7% sirve entre una y tres raciones de pescado a la semana. Sin embargo, el problema no está en la cantidad total, sino en el tipo. Solo el 26% de los centros alcanza la recomendación mínima de pescado azul, fijada en al menos tres raciones al mes.
El informe, elaborado por la Fundación Española de la Nutrición y OPROMAR, analiza 2.738 comedores públicos de Primaria en las 17 comunidades autónomas. El estudio se presentó en Madrid justo antes de la entrada en vigor del Real Decreto 315/2025, que regula aspectos clave de la alimentación escolar.
Los datos revelan que la mayoría de menús apuesta casi exclusivamente por pescado blanco. De hecho, la merluza aparece en más del 90% de los comedores, seguida del bacalao. En cambio, el pescado azul tiene una presencia mucho menor. El salmón y el atún concentran casi toda la oferta, aunque este último suele utilizarse como ingrediente secundario y no como plato principal.
La consecuencia es clara: tres de cada cuatro comedores podrían no estar garantizando un aporte suficiente de omega-3, un nutriente esencial para el desarrollo neurológico infantil. Pero el pescado no es solo omega-3. También aporta proteínas de alta calidad, vitaminas y minerales fundamentales en etapas de crecimiento.
El informe también pone el foco en las diferencias entre comunidades. Aragón lidera el consumo de pescado azul, seguida de Castilla-La Mancha. En el extremo opuesto se sitúan regiones como Cataluña, Murcia o la Comunidad Valenciana, con cifras muy bajas. Resulta llamativo que algunas comunidades de interior presenten mejores datos que varias zonas costeras.
Más allá del tipo de pescado, preocupa la falta de transparencia nutricional. El 43% de los comedores no facilita información completa sobre el valor nutricional de sus menús. Además, solo la mitad especifica todos los ingredientes utilizados. Esta carencia dificulta evaluar si se cumplen realmente los estándares establecidos.
Los expertos advierten de que, sin datos detallados, será complicado verificar la aplicación efectiva del nuevo decreto. Por eso reclaman no solo recomendaciones teóricas, sino también supervisiones más exhaustivas, formación específica para el personal de cocina y medidas que fomenten la variedad alimentaria.
El estudio clasifica la situación en tres grandes grupos: un 30% de centros cumple adecuadamente, un 40% necesita ajustes moderados y otro 30% se encuentra en una situación crítica.
La alimentación escolar influye directamente en los hábitos futuros. Incorporar más pescado azul no es solo una cuestión normativa, sino una inversión en salud a largo plazo. El reto ahora es transformar los datos en acción y garantizar que el plato de los más pequeños sea realmente equilibrado y completo.