Nadie puede dudar de la soberanía intelectual, literaria y discursiva de este gran demócrata nacido antes de Jesucristo y que, como su nombre indica (Cicerón = garbanzo), fue una auténtica molestia en el zapato de sus adversarios.
Sus comienzos resultaron implacables contra Verres, acusado ya por los sicilianos de ser un corrupto en toda regla. Con tal seguridad Cicerón atacó al político, que Verres tuvo que exiliarse en Marsella sin aguardar la defensa de su gran abogado Hortensio. Destacaríamos también su predominio consular frente a Catilina, a quien acusó de reventarle la paciencia. Molesto siempre ante los dictadores y las tiranías, a Cicerón no le quedó otro remedio que dejarse matar por el Segundo Triunvirato, que no estaba dispuesto a soportar la molestia de tal garbanzo entre las tiras de sus sandalias.
La Historia siempre se repite: al que nos perjudica, de una u otra manera y si se puede, nos lo quitamos de en medio.