AL LÍMITE: Mariposas

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AL LÍMITE

EL DUENDE

Mariposas

Al salir de su casa, los aspersores empaparon el cuello blanco de su camisa.

– Ah, siempre igual, le recordó su esposa. Tienes que parecer impecable, aunque no lo seas.

Las niñas jugaban en el jardín a cazar mariposas que bajaban con más polen de las lilas. Una preguntó:

—¿A dónde vais, papis?

—Al Falcon, hija, a dónde quieres que vayamos a estas horas.

Y una vez aposentados, él, sin aparente causa, parecía temblar.

—De nada debes preocuparte, esposo mío, que tuyo es todo el polen de las mariposas. Y el mar, que desde arriba estamos viendo. Y la majestad. Y no digamos sino que la justicia es tuya, toda tuya…

La luz empezó a venir de las estrellas, a un precio razonable. Pronto el poderoso se quedó dormido y engañado.

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