El alma de los besos

9 de marzo de 2026
2 minutos de lectura
Fuente: Canva

Con el beso se achican las avaricias del amor y se entretienen en cautividad las razones de peso para no seguir adelante

Desde que Adán y Eva se vieron en el Paraíso, antes de esconderse por la impudicia de la desobediencia, el beso ha significado el consuelo de toda despedida, el anclado porvenir de todo encuentro.

El alma de cada beso está protegida por la feliz aceptación del apetito y lucidez en toda circunstancia. Revestidos pueden estar los besos de desenfrenado deseo, de prudente satisfacción, de languidez casual, de salivilla traicionera, de acomodo irremediable… pero cada uno de ellos cumple una función de la que no podemos prescindir por la necesidad de que la sangre se mezcle con la piel más fina de otro labio, o de la mejilla más cercana a él, y aleje mínimamente la convicción del abandono.

POR DECIR ALGO

LUZ DE LABIO CON EL BESO DENTRO es un libro que he escrito, y ha publicado Vitrubio, sobre los besos. Una pequeña introducción puede que sea precisa ya que el beso es el mejor disimulo de las tempestades. Con el beso se achican las avaricias del amor y se entretienen en cautividad las razones de peso para no seguir adelante.

A falta de pan entero, no queda más remedio que conformarse con los besos.

Pero si dentro del labio no navega la luz, el barco, a la deriva, no alcanzará el puerto deseado. O, si llegara, arrastraría hasta la orilla un cansancio de olas ingobernable: inútil y pegajosa la espuma de sus aguas.

LUZ DE LABIO CON EL BESO DENTRO es, como todas, una historia de amor insatisfecha que se ha ido alimentando de caricias incompletas con horizonte de promesas.

Además, los que creemos en Dios, amparados en Jesucristo, sabemos que el beso puede ser también traicionero. Para que no lo sea, he querido poner luz a estos besos, por dentro de los labios. Y así aparecerá el infinito resplandor brillando en ellos.

Según Oscar Wilde, Salomé se llenó de ira cuando quiso y no pudo del profeta besar la carne de sus labios… Todos los labios que no besan desde el amor, dejan en la piel última la salivilla del abandono, como queda en la mañana de los inviernos, sobre una flor, la escarcha fría.

Dos apuntes, como dos ramas encendidas les dejo con la ilusión de que les llene completamente el libro.

EL BESO

En el beso vive
una multitud de bocas
de estrellas imprecisas,
un ejército azul de obscenidades.

Ríe el río abajo
con dientes amarillos de beber candelas.

Y en las esquinas de la piel
(¡Oh Borges arrogante!)
era suave la seda de la noche
como esperando a un ángel.

JESUCRISTO

Con Él el amor se recupera sin que aparezca el grito.
El escondido brío de las cosas perdidas,
con Él asoma en el abrazo.

Cuando el grano se abrió para verlo,
el trigo, aún en la tierra,
prometió otra clase de espigas.

El mudo que no hablaba
y el sordo que no oía,
rescató con Él el asombro de la risa
y el llanto escondido del que calla.

Con Él la palabra llega como un río de ángeles silenciando la noche.

El páramo se vuelve estanque con Él.

Con Él el mar se aquieta. Y el daño.
Y el desequilibrio de los sueños.
Y los saltos sin pies de la inconsciencia.

…Todo lo hizo bien, menos morirse de ese modo,
en las antípodas del beso.

En vuestra boca, queridos lectores, quedan estos besos de tinta que hoy se conmueven, sonríen y bailan entre los dedos de la mano.

Pedro Villarejo

4 Comments Responder

  1. Con toda la tradición del buen escritor este autor siempre transciende en su obra, y cuando acabamos cualquiera de sus escritos, este no termina. Siempre aprendemos que su lectura no es un fin en si mismo, si no algo que sirve también en lo cotidiano, dando forma a la vida.

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