Antequera es una ciudad recomendable para vivir. En ella, la Historia gravita sobre la sensatez de sus gentes y sus calles, palacios, iglesias y conventos mantienen el susurro del silencio como cuando se escucha un concierto de Mozart.
Descubro en un artículo insólito y ocurrente que en Antequera subsiste una de las dos familias en España que se dedican a fabricar cencerros, instrumento que a cualquiera podía parecer bastedad y cuya adquisición estaría al alcance en cualquier ferretería, Pero no. La familia Chamizo asegura que cada cencerro tiene su propio sonido: una vez terminada su armadura la mano del “especialista” genera en el latón un tono, casi una musicalidad, que lo hace diferente al de los otros. Esa es la clave para que el ganadero, que se conoce el timbre distinto en cada cencerro, sepa si le falta algún animal de su rebaño. Sirve el cencerro para saber las ovejas por dónde van, distinguiendo el cencerro mayor de quien las lleva.
…Ahora puede uno explicarse las decisiones tomadas al son de los cencerros y los pastos prometidos de los que no conocen las praderas. A falta de aciertos, se manipula la verdad con insoportables cencerradas.
Pedro Villarejo