Los desequilibrios políticos desajustan irremediablemente la convivencia social. En toda Europa el péndulo de los votantes mira con cierto glamur el estándar de la derecha para establecerse en ella: Francia, Alemania, Italia… prefieren sufrir algunos excesos que soportar las mentiras encadenadas de una izquierda que se precipita en el agujero de sus propias contradicciones.
Reclaman pisos para todos los mismos que especulan, casi a escondidas, con los beneficios del ladrillo. Todos tenemos defectos, y a veces importantes, pero lo más deleznable y difícil de asumir son las incoherencias de aquellos que trafican con los sentimientos para convertirlos en derechos o en razones. España está llena de manipuladores que se aprovechan de ciertas indigencias legislativas para abrirse hueco y aplicar las propias. De Sol a Galapagar o a la Plaza de Oriente o a Hollyvood potenciando películas financiadas con dineros que servirían de más provecho construyendo pisos para los vulnerables.
Son unos mentirosos y duele mucho más una estafa moral que el reconocimiento colectivo de que todos debemos enmendar los personales egoísmos.
Pedro Villarejo