La envidia, fiel compañera de los seres humanos, a lo largo de la Historia ha sido causa de desencuentros, crímenes y enemistades varias. Puede que alguna vez haya referido la preocupación de un maestro al mediar en una discusión entre envidiosos:
-Dios le ha dado valores personales a todo nosotros. Cada uno sirve para algo… menos algunos, apostillaba el maestro, que no sirven para nada.
El hecho de resplandecer como inútiles faculta a las personas para que pueda ejercer cualquier oficio o responsabilidad con la certeza de llevarlos a la ruina. De ahí que muchos ministros estén ocupando oficios absolutamente ajenos a la lógica de sus conocimientos.
Es más entendible que una ministra de defensa, especialista en derecho antes de su nombramiento, lleve a sus soldados a que se instruyan en abogacía y no a pegar tiros en las contiendas de las invasiones.
Del mismo modo es escasamente razonable que a otro juez en ejercicio se le nombre ministro del interior, con el peligro que tiene la defensa de “los interiores”.
Pedro Villarejo