Recuerdo con precisión que en mayo del 64 esquilaron en Veraluz a las ovejas. Olía a establo en todos los rincones, a lana sucia golpeada por el barro, a llanto olía aunque, según y como, acudía también con los vientos sosegados el lento perfume de las nuevas rosas.
Los días del esquile íbamos los chiquillos al corral del Lolo para ver el espectáculo de las ovejas sin camisa, protestando por la obligatoriedad del desamparo. Sus balidos, como los nuestros ante los esquilmes, no pasaban de una queja sin consecuencias porque el vellonero no atendía a otro menester que fuera distinto a quedarse con la lana. Alguna que otra oveja, inútilmente, se escondía.
A mi amigo Lucas, ya de regreso, se le ocurrió preguntarme: “¿Después de despojadas se reconocen las ovejas entre ellas?
…En esta sociedad de ahora , sin la lana de los valores y sosiegos que nos defendían de los fríos, sólo nos van dejando engañosos aromas de flores enlutadas sin sustancia, que no huelen a nada, que no huelen a pueblo.
Pedro Villarejo
La infancia evocada y sostenida. A veces los encuentros con antiguos amigos, sin las lanas de entonces, tampoco nos reconocemos.