Dormir con la televisión encendida, dejar una lámpara iluminando la habitación o recibir constantemente la luz de la calle podría tener consecuencias que van más allá de descansar peor. Una investigación relaciona la exposición habitual a la luz durante la noche con cambios en la estructura y el funcionamiento del corazón.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Tulane, analizó a más de 11.000 personas. Los participantes utilizaron durante una semana dispositivos capaces de medir la cantidad de luz recibida mientras dormían y, tres años después, fueron sometidos a resonancias magnéticas cardíacas.
Los resultados mostraron que quienes estuvieron expuestos a niveles más elevados de iluminación nocturna presentaban con mayor frecuencia un engrosamiento de la pared del ventrículo izquierdo. También se detectaron cambios en otras partes del corazón y señales relacionadas con una menor capacidad de contracción del músculo cardíaco.
Los investigadores relacionan estos resultados con un proceso conocido como remodelación cardíaca, en el que el corazón modifica progresivamente su estructura y funcionamiento.
Aunque el estudio muestra una asociación y no significa que una luz puntual vaya a provocar problemas cardíacos, sus resultados refuerzan la importancia de reducir la iluminación innecesaria durante las horas de sueño y favorecer dormitorios lo más oscuros posible.