El Ejército destinado en Ceuta ya se encontraba en situación de alerta dos días antes de la entrada masiva de migrantes del 30 de julio, aunque su despliegue en las calles no se produjo hasta la tarde de aquella jornada, cuando la situación en la frontera había alcanzado una dimensión extraordinaria.
Las informaciones conocidas posteriormente muestran que en los días previos existían señales de una creciente presión migratoria. Además, el CNI había detectado en redes sociales convocatorias que animaban a cruzar hacia Ceuta aprovechando la celebración de la Fiesta del Trono de Marruecos. El 29 de julio, un día antes de la llegada masiva, Inteligencia trasladó avisos sobre posibles entradas tanto por mar como a través de la valla.
Pese a ese escenario, las Fuerzas Armadas no recibieron la orden de salir a las calles hasta el 30 de julio. La actuación militar se produjo cuando miles de personas ya estaban intentando acceder a territorio español y los cuerpos policiales afrontaban una situación de enorme presión.
Los avisos previos y el momento en el que se decidió movilizar al Ejército han alimentado el debate sobre la respuesta de las administraciones. Semanas después, Ceuta seguía contando con una presencia reforzada de militares, Policía Nacional y Guardia Civil ante posibles nuevos intentos de entrada.