Una helada noche de invierno

8 de julio de 2026
6 minutos de lectura

Es una historia real, ocurrió un invierno y  nos mostró, la verdadera catadura moral del buen ser humano y nos devolvio la Esperanza con mayúscula, en nuestros semejantes.

Viajábamos con nuestro hijo de cuatro años, eran los años setenta y pretendíamos llegar al Pirineo aragones concretamente por el Valle de Benasque, un lugar maravilloso   para pasar, las Navidades, con la familia paterna.

Se paró el coche sin ninguna explicación, nevaba sin parar hacia dos días, pero en ese día lo hacía, copiosamente.

Eran las siete de la tarde y la oscuridad nos empezaba a envolver. Nos pudimos situar en el arcén a impulsos, el frío era enorme y la calefacción  no funcionaba, el enorme frío se notaba cada vez más, dentro del coche y las luces tampoco funcionaban. Nuestro pequeño dormía en el asiento trasero y empezábamos a preocuparnos seriamente, por él.

Estábamos parados en el  arcén y la nieve  se estaba acumulándo sobre el.coche, los carámbanos en los árboles, daban una imagen fantasmal y heladora, con los cristales totalmente sin visión al exterior, por el vaho espeso que los dejaba invisibles.

No existían los móviles solo prototipos enormes y para algunas  empresas, pues eran carísimos,no teníamos opciones de pedir auxilio, no se veia nada y la nevada era muy copiosa, no pasaba ningún coche, desde hacía más de una hora, y el viento sonaba, con un canto demasiado siniestro.

Nuestro niño se despertó por el frío y el hambre,  se cansó de llorar y no teníamos nada  caliente para darle, el termo estaba vacío, pero gracias a unas galletas que eran las últimas,por fin se quedó dormido, tapado con la manta de viaje.

Hacía  una hora que estábamos parados y sentíamos como el frío nos estaba invadiendo, en el interior del coche.y el miedo por nuestro hijo nos hacía muy débiles ante la situación.

Por fin vimos unas luces por la carretera, parecía un camión, no nos podría ver, pues el coche estaba cubierto por la nieve así que mi marido y yo decidimos salir y con nuestros abrigos intentamos quitar la nieve que lo cubría, vimos como nos hacía señales con las luces, y nos dimos cuenta que por fin nos había visto, dimos gracias Dios con toda nuestro corazón.

El conductor del camión , era un hombre joven y llevaba en la parte del volquete, un coche accidentado, cuando nos vio dijo que lo único que podía hacer por nosotros, era llevarnos al pueblo más cercano y desde allí podríamos contactar con algún mecánico o con nuestro seguro, así lo hicimos y con nuestro niño nos subimos al camión, dejando el coche, en el arcén.

La nieve arreciaba cada vez más, el pueblo estaba a más ochenta kms,  así que con el calorcito nos quedamos dormidos. Mientras el conductor escuchaba música, eso nos facilitó el sueño. Nos despertó el sol del amanecer y el llanto de nuestro hijo, estábamos solos en el camión, el conductor no estaba, debimos haber dormido profundamente, para no enterarnos de nada. Continuaba nevando y el amanecer  empezó a tomar un grisáceo color.

El coche que traía, ya no estaba, no se veía casa alguna, por fin apareció el conductor y nos dijo que faltaban pocos kms para llegar a una gasolinera en las afueras del pueblo más próximo.

Comenzó la marcha  con  el llanto desesperado de nuestro hijo, tenía hambre y no se callaba, el camionero se estaba intranquilizando, intentamos dormirlo y de nuevo la nieve comenzó a caer con más fuerza si cabe que la noche anterior.

Por fin vimos el letrero de la gasolinera y nos tranquilizamos. El conductor nos dejó, para continuar con su ruta y entramos en el bar de la gasolinera donde una chica muy amable nos vino a atender. Lo primera era ver si tenían telefono, lo tenían pero sin línea desde hacía dos dias.

Era para asustarse con la situación, menos mal que llegó un granjero que iba al pueblo y nos dijo que podía acercarnos, aunque tenía que desviarse de su camino, a su granja, pero que por el niño lo haría.

Tomamos café caliente y leche para el pequeño y nos montamos en el camión de aquel buen granjero.que se prestó a ayudarnos.

La nieve no cesaba y nuestro coche lo habíamos dejado en el arcén lejos.
Le dimos al granjero la situación de nuestro coche para que pudiera ir una grúa, si la nieve  permitía ir a  recogerlo,  nos dejó en su granja, pero antes de irse, encendió la gran chimenea para poder calentarnos y nos quedamos esperando solucionar pronto nuestro problema.

La granja estaba muy aislada del pueblo,  el frío y el viento estaba apretando y nosotros estábamos exhaustos, antes de irse, nos pidió que no saliéramos al exterior pues el frío en esa zona era muy grande y se notaba, en el  agua del pequeño estanque  que se veía totalmente helada, el aspecto invernal de fuera nos hacía tiritar, teníamos que alimentar el fuego para no quedarnos helados. Se despidió diciendo que antes de anochecer regresaría, y nos quedamos solos.

Nos quedamos dormidos, y nos despertaron unos fuertes golpes en la puerta, guardamos silencio. pero los golpes continuaban, pasó un buen rato hasta que cesaron los golpes y nos quedamos más tranquilos, esperando que el dueño, de la granja, llegase.

Pasaron las horas y no volvía, no sabíamos que hacer. si asomarnos o permanecer dentro y muy callados. Nuestro hijo gracias a la leche caliente que nos dejó dormía plácidamente.

Por fin escuchamos un motor y pensamos que era el granjero de pronto sentimos las llaves que sonaban abriendo la gran puerta y vimos que por fin, era el granjero que con una cara muy sonriente nos dijo, que nos habia traído el coche, y  arreglado el problema, que había sido, un fallo eléctrico ya, solucionado .

Nos dijo que se  sentia  muy bien por habernos podido ayudar y que  cenaríamos caliente pues la nevada no nos  permitiria  salir, a la carretera hasta el día siguiente, y así lo hicimos, nos quedamos a dormir después de saborear un deliciosa sopa  y unos huevos fritos, con pan caliente.

Antes de dormir.nos preparó unos  tazones de leche bien  caliente y nos fuimos a dormir. Nuestro niño dormía plácidamente y el frío solo estaba fuera de la  granja, en el interior  reinaba la bondad y la hospitalidad de la buena gente de aquella zona.

Ese es un viaje que jamás hemos podido olvidar, nuestro agradecimiento nos acompañó siempre y cada vez que hacíamos un viaje parábamos en la zona para verlos y pasar un buen rato con ellos.

Las personas que ayudan, sin esperar nada a cambio, solo por el hecho de prestar ayuda a quien lo necesita, demuestran que existen esos seres que son capaces de dejar sus obligaciones para poder ayudar a los que, en ese momento necesitan ayuda, el buen ser humano existe y  damos fé que es así.

Mientras existan personas altruistas, que sean capaces de darse a los demás, este mundo nuestro, se salvará. Ejercitemos la ayuda a quien lo necesita y lograremos gozar de un mundo mejor, más justo y más feliz.

Esta vida es demasiado bella para oscurecerla con nuestros malos actos.Tuvimos en esta tierra, el ejemplo viviente de Dios mismo en su hijo Jesús, que nos dejó un mantra maravilloso.
¡Amaros los unos a los otros, como yo os he amado!

Guardarlo en vuestros corazones y así lograréis recibir esa gran recompensa, de una vida eterna, después de dejar nuestra vida
terrenal. Todos somos uno en Dios mismo, que nos espera para acogernos el último día de nuestra estancia en esta vida,
cuando nuestros ojos la se cierren.

La Esperanza es un sentimiento, que nos hace ver este mundo con alegría para poder vivir en Paz, siempre te hace esperar tiempos mejores, mañana será otro día, la solución para solucionar los problemas etc…

Pero nunca os olvidéis de dar gracias, cuando mejoréis vuestras preocupaciones, las solucionareis gracias a vuestro tesón y esfuerzo, la Divina providencia pone el camino a la perfección, no podemos  despistarnos, La Esperanza hace milagros.

Todos nacemos como buenos seres humanos y recibimos a cambio como regalo de vida, el libre albedrío para serlo. Nosotros elegimos, Él nos lo señala.

Intentemos seguir hasta  el último día de nuestras vidas, ese camino correcto, conservando nuestra Fé.

No olvides...

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