Un mayor consumo de proteínas en la mediana edad se asocia con una mejor función auditiva en etapas posteriores, especialmente en las frecuencias medias y altas, según una investigación en la que han colaborado especialistas de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Nueva York. Las personas con la ingesta más elevada presentaron un 37% menos de probabilidades de sufrir pérdida auditiva, mostrándose este beneficio tanto en casos leves como moderados y graves.
En sentido opuesto, un consumo elevado de grasas totales se vinculó con peores indicadores auditivos en la vejez. Por el contrario, los participantes que mantuvieron una mayor adherencia a un patrón alimentario bajo en grasas mostraron una menor prevalencia de problemas de audición a lo largo del tiempo.
El trabajo, publicado en The Journals of Gerontology: Series A, analizó a 2.773 participantes del estudio estadounidense ARIC. Para evaluar la relación entre dieta y salud auditiva, se registraron sus hábitos alimentarios en la mediana edad mediante cuestionarios de consumo y, décadas después, se midió su capacidad auditiva mediante audiometrías de tonos puros.
Los hallazgos sugieren que los factores que condicionan la salud auditiva en la vejez comienzan a actuar mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. Por ello, la alimentación surge como un factor modificable clave sobre el que intervenir preventivamente, aunque los autores señalan la necesidad de nuevas investigaciones para precisar el papel de las distintas fuentes de nutrientes y sus mecanismos biológicos.
La pérdida de audición representa un problema sanitario prioritario, al ser muy frecuente en la población mayor y estar estrechamente ligada al aislamiento social, la pérdida de calidad de vida y el deterioro cognitivo. Este hallazgo abre la puerta a estrategias de prevención primaria a través de la nutrición para mitigar un impacto que va más allá de la simple capacidad auditiva.